El punto de inflexión que marcó la transformación organizacional que atravesó Contento, cuando asumí la dirección general de la compañía, fue mi propia transformación. Si bien mi historia de vida se desarrolla en medio de una familia amorosa y unida, en la que la base siempre ha sido el respeto, hay muchas cosas que inconscientemente traía de mi infancia en las que debí trabajarme para avanzar en este camino y que marcó el punto de partida para la transformación de Contento.


Eso nos debe llevar a una reflexión permanente: siempre, por muy sana que haya sido nuestra infancia, existen heridas que nuestro niño interior debe sanar. En mi caso, inicié un viaje al interior para poder identificar esas heridas y transformarme. Y hablo de esta “transformación” no como un proceso terminado, sino como uno permanente en el que lo más importante es el ejercicio constante de consciencia: hacernos conscientes de porqué actuamos cómo actuamos ante determinadas situaciones. Esto nos permitirá saber cómo podemos y debemos trabajar esas heridas.

Muchas veces caemos en este pensamiento errado de “yo no tengo nada que sanar”; sin embargo, sanar requiere primero que todo la voluntad y la decisión de hacerlo, ese ejercicio de traer esas heridas emocionales de la infancia (que se convierten en miedos en la adultez) al plano consciente para poder trabajarlas.

Ya lo diría uno de los grandes expertos en autoconocimiento y crecimiento personal, el español Borja Vilaseca: “el miedo es completamente ilusorio, pero sus efectos emocionales son totalmente reales. Todos nuestros temores se originan en nuestra mente y se propagan por medio de pensamientos. Para poder trascender cualquier miedo, hemos de cultivar el hábito de observar nuestra mente y cuestionar nuestros pensamientos.”

Abrir esos miedos es un proceso tan doloroso como sanador y han sido diversas las herramientas que me han permitido avanzar en este proceso, así como los maestros y guías. En este camino no he estado sola y ese proverbio zen que dice “el maestro aparece cuando el alumno está preparado” me hace ser consciente de que solamente cuando estaba preparada para sanar esas heridas llegaron los maestros y las experiencias que me abrieron a este camino de sanación y trabajo interior.

Este proverbio es una de las mejores ilustraciones de la ley de la correspondencia, que reza que cada uno corresponde en su momento a aquello que necesita para aprender y evolucionar. Para mí el momento era ese y no otro. Y cambiarme a mí misma determinó completamente que mi vida fuera también cambiada y empezara a transformarse mi realidad. ¿Esto a qué se debe? A que cuando iniciamos este proceso de cambio personal, debemos empezar a cuestionar nuestras creencias, transformar nuestros pensamientos y reprogramar aquello que pasa por nuestro subconsciente, esto lo que ocasiona es que cambiemos nuestra disposición frente a la vida y, por ende, que empecemos a obtener otros resultados en nuestra vida interior y exterior.

Todos esos resultados interiores y exteriores empezaron a verse proyectados en la transformación de Contento, pues mi propósito fue llevar a la empresa aquellos aprendizajes y experiencias que yo ya había vivido y marcaron ese punto de inflexión en la forma en cómo veníamos haciendo las cosas hasta entonces.

Siempre lo he creído: Cuando te transformas a ti mismo, eres capaz de transformar toda tu vida y tu entorno.

 

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