Los miedos a los que se enfrentan los líderes

Hay un tema que se vive en las organizaciones diariamente y del que poco nos atrevemos a hablar al interior de las mismas, se trata de todos esos miedos que rodean el ambiente empresarial y que permean no solo a los puestos de liderazgo sino también a todas las personas que hacen parte de una organización.

Es muy importante entender que en las empresas, al estar integradas por personas, y por más que se indique constantemente “separar la vida laboral de la vida personal”, siempre se va a tener esa carga emocional que va constantemente con las personas independientemente de que estén en el trabajo, en sus casas o en la calle, pues hace parte de ellas. De ahí la idea de que el ser humano es una integralidad que la componen diferentes dimensiones y aspectos de su vida.

Para hablar de esto, debemos partir de un principio base: las personas, todas y sin excepción, llevamos con nosotros la carga emocional de nuestra niñez, de lo vivido en nuestro hogar e inculcado por nuestros padres a través de la crianza. Es en ese espacio llamado hogar (que más que un lugar físico es emocional) en donde se desarrollan gran parte de nuestras creencias, convicciones y miedos, los cuales a su vez dan origen a nuestros comportamientos y explican por qué reaccionamos como reaccionamos a las cosas en esa interacción con nuestra pareja, nuestros colegas, compañeros y jefes. Todos estos comportamientos obedecen a unas vivencias específicas y a la forma en la que nos relacionamos con nuestros padres o cuidadores.

Suele suceder que en el trabajo o la oficina tenemos a ese compañero que es medio tosco, serio o que le es difícil abrirse a los demás, ese mismo al que muchas veces hemos criticado y/o tildado de “amargado” o “malgeniado”. Sin embargo, esta perspectiva cambia cuando comprendemos que cuando una persona actúa de esa manera, está respondiendo así por lo que vio en su casa o porque creó una especie de “coraza” para evitar ser herido por los otros. Así como este miedo, existe una infinidad de miedos y temores que se dan al interior de las organizaciones y que es necesario abordar, pues cuando se dice “sanar el alma de las organizaciones” no nos referimos a otra cosa diferente que a sanar el alma de las personas que componen esas organizaciones.

Esos miedos en las organizaciones están ahí latentes y si vamos un poco más al fondo podemos llegar a heridas muy profundas del alma. En este punto quisiera sugerirte que tú, que estás leyendo este artículo, hicieras un ejercicio autorreflexivo de identificar en cuáles de estos miedos te ves reflejado. El primer miedo es el de no ser capaz de dirigir una empresa en medio de una crisis, creo que por este pasamos mucho en este tiempo de la pandemia del COVID-19. Ese miedo a no estar a la altura, a que mi jefe piense que no fui capaz. Luego viene ese miedo al “qué dirán”, a pensar en la percepción que tienen mis compañeros, mis pares o mi jefe de mí; el miedo a no saber interpretar la evolución del mercado y no reaccionar lo suficientemente rápido a esos cambios y que eso nos lleve a una quiebra o a que la empresa se vea golpeada.

Otro miedo muy común al interior de las empresas es a perder el control, esto tienemucho que ver con la máscara que desarrollamos desde pequeños y con qué tan controladores somos. Muchos líderes tenemos ese nivel de control alto y es ahí cuando nos cuesta delegar, creer en las potencialidades y fortalezas del otro y permitirle que desarrolle y fortalezca sus talentos. Acá es muy importante preguntarnos qué sucedía cuando perdíamos el control siendo unos niños, si tal vez nos regañaban, nos pegaban, nos castigaban o nos ignoraban.

En conclusión, podemos ver que somos niños heridos a los que les enseñaron que equivocarse y fracasar estaba mal. No tenemos la autoestima suficiente para lidiar con lo que piensan los demás de nosotros y tenemos miedo a ese rechazo de los otros. Así como cada uno de los que está aquí quizá ya pudo identificar algunos de sus miedos, ahora los invito a pensar en sus equipos de trabajo; por eso como líderes debemos aprender a leer esos miedos y enseñarle a nuestra gente a confiar en sí mismos, en sus talentos y potencialidades, pero también enseñarles a que fracasar es aprender.

Solamente así podremos decir que estamos sanando el alma de nuestra organización. ¿Te animas a intentarlo?

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