A mis 25 años decidí asumir el reto más significativo de mi vida: ser la Directora General de una compañía de 1200 integrantes para ese entonces. Un reto nada fácil para alguien que apenas estaba empezando a ganar experiencia profesional.

En el año 2011, yo me encontraba desempeñando el cargo de directora de mercadeo y ventas de la compañía y de alguna manera ya tenía mucho contacto con todos los clientes porque, además, para ese momento, la persona encargada de operaciones había renunciado y yo llevaba 6 meses muy involucrada con todo el proceso operativo de la empresa.

Para ese entonces, aún nos llamábamos Call Center S.A. Con mi llegada a la dirección general de la compañía, empezaron a suceder muchos cambios. Yo tenía claro que quería poner a marchar muchos planes y sueños que tenía para Contento, pero que no solo eran míos, sino también de mi papá, una pieza fundamental dentro de toda esta historia.

Él ha sido la fuerza, la motivación, las ganas y la perseverancia. ¡Sí que hemos tenido altas y bajas durante estos años!, pero ha sido increíblemente gratificante y motivador mirar hacia atrás y ver hasta dónde hemos llegado, en gran parte, gracias a su fuerza y constancia, pero también a un equipo maravilloso que nos ha acompañado y que ha creído en este sueño.

Contento marca en mi vida un antes y un después, porque es en esta compañía donde no solo inicié todo un proceso de transformación organizacional orientado a la cultura de felicidad, sino que empecé un viaje de crecimiento personal en el que me encontré con mi propósito superior: ayudar a la gente a encontrar su luz y que entreguen esa luz al mundo.

Ha sido un viaje tan retador como maravilloso. Nunca te imaginas lo mucho que una persona, una situación y, en esta ocasión, una compañía, te puede transformar como Contento lo ha hecho conmigo. Acá vivimos y nos disfrutamos cada cosa que sucede, por eso uno de mis principios de vida, y que he aprendido a partir de la experiencia, ha sido el de disfrutar el aquí y el ahora, con las dificultades que la vida nos presenta. A mis 33 años, mi definición de felicidad es que esta es una decisión y un camino, antes que una meta.

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