Hoy me desperté en la mitad de un paraíso. Sí. Un paraíso terrenal al que no es fácil entrar, pero acá estoy. Son las 7 a.m. en este lado del mundo; abro los ojos y lo primero que hago es asomarme por la ventana de mi habitación para contemplar una vista que desde ayer me tiene hipnotizada, pero también cuestionada: ¿cómo es posible que, en un país de Asia, su ciudad capital aún pueda conservarse tan limpia, tan verde, tan libre de contaminación, de grandes tiendas y de publicidad? ¿Tan aquello que es todo lo opuesto a las lógicas modernas de consumo de las ciudades capitales? Me quedo contemplando esa imagen porque el paisaje todo es alucinante y no puedo dejar de mirarlo. Su infinidad de verdes, el azul del cielo, sus montañas exuberantes con sus cumbres plateadas por la nieve me hacen fantasear e intentar congelar esa imagen en mi mente para que nunca se me escape.

Fragmento de mi visita a Bután, 2017. Tibú, capital del Reino de Bután.

Viajar ha significado en mi vida coleccionar experiencias maravillosas y transformadoras a partir de las cuales no solo he visto la vida desde otras perspectivas, sino de las que me he traído aprendizajes y reflexiones para mi vida personal y para nuestra compañía Contento BPS. Una de las cosas en las que más creo es en la experiencia y el aprendizaje que se adquiere a través de los viajes. Leer y estudiar son los otros dos elementos de la ecuación; sin embargo, solo viajar permite de forma exponencial abrir la mente, entender modos de vida diferentes a los propios, asumir riesgos, retar la zona de confort y hacer nuevos amigos. En últimas, crecer.

El año 2017 fue muy especial. Fue un año de desaprender y aprender, un año de crecimiento y de aprendizajes adquiridos a partir del entendimiento de otras culturas, una tan lejana como la butanesa. Ese año decidí realizar un viaje de inmersión a ese país para entender de primera mano el enfoque de felicidad que desde hace casi 50 años promueve su gobierno.

Empecemos por el principio, porque quizá es la primera vez que escuchas el nombre de este país o no conoces mucho sobre él.

Bután es un país pequeñísimo del sudeste asiático, que está enclavado en las montañas de la Cordillera del Himalaya en medio de dos gigantes de ese continente: China e India. Es un territorio tan pequeño que su población apenas alcanza el millón de habitantes.

El país se ha convertido en caso de estudio a nivel mundial debido a que, en el año 1972, el 4° Rey de Bután, en vez de medir el Producto Interno Bruto, decidió implementar la Felicidad Nacional Bruta para medir el bienestar de sus habitantes. El 4° Rey (Jigme Singye Wangchuck) declaró: “la Felicidad Nacional Bruta es más importante que el Producto Interno Bruto”.

El país mide la calidad de vida de sus habitantes por su felicidad a través del Índice Nacional de Felicidad, en el que se plantea un enfoque más holístico que no solo tiene en cuenta factores socioeconómicos como el nivel de vida, la educación y la salud, sino también otros aspectos menos tradicionales de la cultura y el bienestar psicológico. En otras palabras, este concepto implica también que para el desarrollo sostenible se debe dar igual importancia a los aspectos del bienestar que no son económicos.

Uno de los factores más interesantes de esta visión es que los pilares de la Felicidad Nacional Bruta han sido integrados en el gobierno del país e influenciado la política social y económica de esta nación.

La espiritualidad y la compasión son dos de esos pilares que han sido integrados en el gobierno. Dos cosas son fundamentales dentro de la cultura butanés: la conexión con la madre tierra y el desapego por las posesiones materiales. Esto significa que sus habitantes comprenden que no es a partir de lo material que se llega a la felicidad, sino a través de la compasión por el otro, la relación con la tierra y, en esa misma línea, su espiritualidad.

Allá llegué a mi primera gran conclusión y de la que se derivarían muchas de mis próximas ideas para Contento: la felicidad y la espiritualidad están intrínsecamente conectadas y hay que trabajarlas en conjunto. Ese fue el propósito de este viaje: ratificar el camino de espiritualidad que habíamos iniciado con los integrantes de Contento.

Fue así como empezamos a reevaluar lo que veníamos haciendo en temas de felicidad y cultura. ¿Realmente estábamos trascendiendo en la idea de felicidad para nuestros integrantes? ¿Estábamos impactándolos desde su ser? Para ese entonces ya habíamos puesto en marcha el programa del Certificado Contento, pero este viaje nos permitió ratificar que por ahí era el camino. Además de eso,

ya habíamos empezado a hacer una transición de las actividades eufóricas que veníamos realizando, a unas más enfocadas en el ser y la espiritualidad y a orientarlas desde la planeación estratégica anual de la dirección general.

A partir de estos cambios, con nuestros psicólogos iniciamos un proceso de medición de todos nuestros programas y actividades. Es por ello que, en la actualidad en Contento, implementamos la medición de diferentes indicadores organizacionales: rotación, ausentismo, productividad, ingresos, servicio, cultura organizacional, clima laboral, riesgo psicosocial y la encuesta de felicidad de la gente en Contento, para la cual utilizamos la batería de la Universidad de Oxford. Compartimos el caso de la compañía con otras empresas, evidenciando que este enfoque de felicidad es una apuesta estratégica para las organizaciones.

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