Revertir la tradicional fórmula de la felicidad según Shawn Achor: ¿cómo mantener a tu equipo positivo para que sea más feliz?

Si hay algún experto que me ha inspirado y marcado muchas de las ideas y conceptos de felicidad que hemos aplicado en Contento, es Shawn Achor, un experto norteamericano en psicología positiva, gestión de equipos y liderazgo y que se ha dedicado a compartir sus ideas en más de 50 países alrededor del mundo. Es, además, psicólogo, profesor e investigador desde hace 20 años de la Universidad de Harvard. Actualmente es el fundador y CEO

Entre sus ideas, existe una en particular que llama la atención y de la que habla con un toque de humor en su charla TEDx El feliz secreto para trabajar mejor. Se trata de que Shawn cuestiona ese paradigma que repetidamente hemos aprendido acerca del trabajo: “creemos que tenemos que trabajar para ser felices, pero ¿no podría ser a la inversa? En realidad, la felicidad nos hace más productivos”.

En su charla, el autor comparte algunos conceptos importantes que nos permiten entender la felicidad de acuerdo con sus teorías y posturas:

  • No es la realidad la que nos transforma, sino que el lente con el que vemos el mundo transforma nuestra realidad. Y si cambiamos el lente, no solo cambia el grado de felicidad, sino también los resultados empresariales.
  • La clave de la ciencia de la felicidad: se cree que por el mundo exterior se puede predecir tu felicidad, cuando en realidad, si conozco tu mundo exterior, puedo predecir el 10% de tu felicidad a largo plazo. El otro 90% proviene no del exterior, sino de la manera en que procesas lo externo. Y si cambiamos la formula de la felicidad y del éxito, cambiará la manera en que afectan la realidad.
  • Solo el 25% del éxito es predecible por el coeficiente de inteligencia, 75% del éxito se puede predecir por los niveles de optimismo, por el apoyo social y por percibir la presión como reto en vez de amenaza.
  • Tenemos que invertir la fórmula de la felicidad y del éxito. En un gran número de países se sigue esta fórmula: si trabajo más duro, tendré más éxito; si tengo más éxito, seré más feliz. Esta idea científicamente está mal, es regresivo por 2 razones. Primero, cada vez que tienes un éxito, la meta cambia: si sacaste buenas notas, ahora debes obtener mejores; si ingresaste a una buena escuela, ahora debes ir a una mejor. Y si la felicidad viene después, nunca la vas a alcanzar. Pensamos que hay que tener éxito y luego ser felices, pero el cerebro trabaja en sentido opuesto. Si hoy elevas el nivel de positivismo de alguien, entonces sentirá lo que llamamos una ventaja de felicidad, o sea que el cerebro en positivo funciona mucho mejor que cuando está negativo, neutro o estresado. Se eleva la inteligencia, la creatividad, los niveles de energía. Lo que notamos es que se mejoran todos los resultados económicos. El cerebro positivo es 31% más productivo. Trabajamos 37% mejor en ventas. Esto quiere decir que se puede invertir la fórmula.
  • Si encontramos una manera de volvernos positivos en el presente, lograremos aún mayores éxitos, al poder trabajar más duro, más rápido y con más inteligencia.

Pero, ¿cómo podemos volvernos positivos en el presente? Acá compartiremos algunas ideas que comparte el autor y que desde Contento hemos implementado y hemos comprobado como estos se convierten en elementos clave para cultivar un positivismo que sea permanente y duradero:

  1. La gratitud: pídele a tu equipo que escriban durante 21 días seguidos 3 cosas por las que se sienten agradecidos. (Incluso, puedes obsequiarles un diario de gratitud que es el que yo uso diariamente y que puedes adquirir AQUÍ. Esta actividad, por simple que parezca, les ayudará a enfocarse en lo positivo antes que en lo negativo.
  2. Escribir en una bitácora una experiencia positiva que les haya ocurrido el día anterior.
  3. La meditación es una excelente herramienta para conectarse con el presente y permitirse sentir sus emociones y conectarse consigo mismos. Además, les impulsa a concentrarse en una sola tarea, eliminando el sobrevalorado multitasking.
  4. Actos aleatorios de bondad y servicio con el otro. Sea con sus compañeros de trabajo, familia o pareja.

Finalmente, me gustaría que me cuentes ¿qué otras actividades consideras que pueden ser importantes para ti para mantenerte positivo?


¿Y si en vez de dejar los problemas en casa, mejor los sanamos?

¿Y si en vez de dejar los problemas en casa, mejor los sanamos?

Desde muy pequeños se nos ha enseñado que la vida personal se debe separar del trabajo, no en vano se suele usaresa expresión que nos repiten una y otra vez “los problemas se dejan en casa”. Esto es un gran error porque lo que termina ocasionando es que las personas repriman todas sus emociones de las situaciones que se les presentan en casa y trabajen así: angustiadas, aburridas, preocupadas, estresadas o ansiosas. Esto, a la larga, lo que hace es afectar el desempeño laboral, dado que las personas, al no estar tranquilas e intentar “dejar ese problema en casa”, la emoción se queda con ellas y se vuelven aún más intensa, toda vez que no se le da el trámite adecuado intentando esconderla.

Esas emociones reprimidas desencadenan cambios en nuestra actitud cuando estamos en nuestro puesto de trabajo; solemos ser mucho más irascibles e irritables, nos sentimos malhumorados e, incluso, no soportamos que alguien nos dirija la palabra. Y la peor parte, debo admitirlo, es que desde las empresas se sigue validando esa idea de que “los problemas se dejan en casa y no se traen al trabajo”.

Como en cada uno de mis artículos me gusta dejarles una invitación, hoy quisiera invitarlos a replantear esta creencia, que se ha convertido en un paradigma. ¿Qué tal si en vez de dejar los problemas en casa, mejor nos dedicamos y enfocamos en sanarlos? Les digo esto porque creo que las empresas deben rápidamente cambiar ese paradigma de que son un lugar donde no se nos permite ser y manifestarnos, porque sí: los seres humanos somos todo eso que nos atraviesa, incluidas todas las emociones de frustración, rabia, dolor, preocupación o tristeza.

Las personas que hacemos parte de una organización estamos llamadas a convivir con estos problemas y el Espíritu de Grupo (conoce aquí nuestras cartas de Espíritu de Grupo, un ejercicio para romper el hielo con tu equipo de trabajo), que no es otra cosa más que estar conectados como equipo de trabajo, permite que estén tan unidos y tan fuertes que una persona es capaz de identificar qué le está pasando al otro y de qué manera le puede ayudar. Frederic Laloux, en su libro Reinventando las 

organizaciones enfatiza en que las empresas deben ser espacios que nos permitan sanarnos a nosotros mismos, que nos ayuden a crecer y evolucionar como personas, sin pretender que nuestro crecimiento se frene durante las ocho horas que pasamos en el trabajo y luego intentar “remediar” en casa ese tiempo perdido.

Aquí el llamado más importante es para las empresas y los líderes, para constituirnos en espacios en los que estemos abiertos a esas emociones, ayudar a las personas de nuestro equipo con ese proceso de sanación y que, de esta manera, cada uno encuentre su mejor versión y sea capaz de experimentar esa inteligencia emocional, al saber manejar sus emociones, pero sobre todo, al sentirse libre de sentirlas y manifestarlas. Los resultados para quienes somos líderes es que nos permitirá mejorar el espíritu de grupo y fortalecer los talentos y capacidades de nuestro equipo de trabajo.

En Contento tenemos un testimonio muy bonito de esto y es que en una ocasión uno de nuestros integrantes llegó con un problema personal muy grande y su líder le pidió que se conectara a la línea e hiciera su trabajo, mientras ella, por su parte, se encargaría de hacer los asuntos personales que él tenía pendientes. Esta es una pequeña muestra de que cuando nos abrimos a expresar nuestras emociones y por qué no, a comunicar nuestros problemas a nuestros líderes, se pueden encontrar formas de cooperar y ayudar al otro en el mismo equipo de trabajo. En muchas ocasiones, todo lo que necesitamos es un poco de empatía y sentirnos comprendidos por el otro, esta es una manera de sanar nuestras emociones.


¿Qué puedes recibir en tu vida cuando estás agradecido?

¿Qué puedes recibir en tu vida cuando estás agradecido?

Estamos justamente situados en uno de mis temas favoritos en todo lo que tiene que ver con felicidad y bienestar integral. La gratitud para mí es un valor sumamente importante y tiene mucho que ver con la historia de Contento, pues resulta que nuestro fundador, Jorge Aurelio Corchuelo, mi abuelo, fue un hombre que vivió en gratitud a lo largo de su vida y le enseñó a sus hijos y nietos que este, más que un valor, es una forma de vivir y habitar este mundo. Nunca olvido las anécdotas de mi padre Fernando Corchuelo de la manera en que mi abuelo les enseñó a agradecer a las personas que habían hecho algo bueno por ellos mientras estuvieran vivas, y no esperar a que faltaran para agradecerles.

Por eso, en honor a ese hombre que nos inculcó el ser agradecidos en todo momento, en Contento celebramos durante este el mes de la gratitud y hemos institucionalizado el 23 de abril como uno de los días más importantes de la compañía: el Día de la Gratitud, fecha en la que nació Jorge Aurelio Corchuelo. Con esta celebración, honramos esta tradición que mi abuelo nos dejó a hijos y nietos, y con este artículo en este mes queremos homenajear su legado.

Son incontables los beneficios que la gratitud tiene en nuestra vida, sobre todo si nos referimos a nuestros niveles de bienestar integral y felicidad. Es un valor que ayuda a elevar nuestras emociones positivas y que sean más predominantes que aquellas negativas, además genera que nuestro ratio de positivismo sea mucho mejor cada día.

¿Sabías que la ciencia que estudia la felicidad se ha encargado de estudiar los beneficios que trae el agradecer? Acá te comparto los beneficios más importantes según la Psicología Positiva. Y ojo, quiero primero aclarar que la gratitud no se trata simplemente de dar un “gracias”, sino de un sentimiento positivo que se presenta en nosotros cuando tomamos consciencia de algo que hemos recibido de otra persona, del universo o de Dios e, incluso (y muy importante), de nosotros mismos.

El principal beneficio se trata de que nos permite disfrutar de todas las experiencias positivas de nuestra vida, cuando somos conscientes de que están allí y nos sentimos agradecidos por eso.

En segundo lugar, fortalece la autoestima, pues la gratitud nos permite mirar con compasión y conciencia todo lo que nos ocurre. Al mirarnos con mayor compasión y amor, nuestra autoestima eleva sus niveles. Nos permite ver nuestras virtudes y la belleza de las cosas que nos rodean.

En tercer lugar, reduce el estrés y el trauma y proporciona paz interior. Muchas veces nos sentimos decepcionados o angustiados por episodios de nuestro pasado, haciendo que vivamos desde el resentimiento, el miedo y la frustración. La gratitud, sin embargo, nos permite reconocer lo valioso de nuestro pasado, valorando las experiencias positivas, y los aprendizajes y oportunidades de las menos positivas.

En cuarto lugar, incrementa la resiliencia, pues al estar agradecidos valoramos las experiencias “negativas” de nuestro pasado por los aprendizajes que nos dejaron, y aprendemos a vivir desde la felicidad y en gratitud por nuestro presente.

Otro de sus beneficios es que nos ayuda a fortalecer y construir relaciones sociales. Esto se da porque cuando vivimos desde la gratitud estamos más enfocados en nuestro presente. Cuando nos instalamos más en el presente que en el futuro, somos personas más optimistas y valoramos más a los demás, la queja y la posición de víctima empiezan a desaparecer de nuestra vida y vivimos más felices. ¿Y a quién no le gusta estar rodeado de gente feliz?

Además, la ciencia nos habla de la importancia de ser agradecidos todos los días y no solamente en una fecha especial, sino que sea un hábito que interioricemos y lo hagamos parte de nuestra cotidianidad.

Una de las estrategias que más me ha funcionado para convertir la gratitud en un hábito diario es sentarme a pensar cada día en todas aquellas cosas, situaciones, personas, momentos por los cuales estoy agradecida, iniciando por las cosas más vitales como mi respiración, mi cuerpo, mi salud, hasta aquellas que han llegado a mi vida como mi esposo, mi hogar, mi cama, mi carro, mi trabajo, mi equipo de trabajo en Contento. Notarás cómo cada día vas a empezar a tener una actitud diferente frente a las cosas y situaciones que te pasan, frente a todo aquello que siempre ha estado ahí y que quizá a ti ya se te convirtió en una trivialidad.

Para practicar este ejercicio siempre tengo un diario de gratitud (que lo puedes conseguir en este link) en el cual voy escribiendo todo aquello por lo que me siento agradecida. Si hoy tuviste un gran día, agradece por ello; si te felicitaron en tu trabajo, agradece por ello; si aprendiste algo nuevo, agradece por ello; si llegaste a casa y encontraste a tu familia y una comida caliente, agradece por ello. Cuando nos enfocamos en lo que tenemos y no en lo que nos falta, la vida se vuelve más hermosa, cambiamos de perspectiva y nos abrimos a la abundancia. Recuerda que en lo que te enfocas, se expande. Si te enfocas en la carencia, es lo que se expandirá en tu vida. Por el contrario, si te enfocas en la abundancia que hay en tu vida (y no hablo solo de lo material, porque la abundancia es todo: las relaciones, los amigos, las ideas, el amor, el trabajo), eso mismo será lo que se expanda. La gratitud es como cualquier deporte, en la medida en la que más practiques este hábito, más fácil será para ti y la desarrollarás con naturalidad.

Cuéntame en los comentarios porqué te sientes agradecido el día de hoy. Me encantaría leer tu motivo hoy para agradecer.

Recuerda que en este link  puedes adquirir nuestro diario de gratitud para que todos los días encuentres esas pequeñas razones para agradecer.

Te comparto una meditación de gratitud profunda como un regalo para ti.


Los miedos a los que se enfrentan los líderes

Los miedos a los que se enfrentan los líderes

Hay un tema que se vive en las organizaciones diariamente y del que poco nos atrevemos a hablar al interior de las mismas, se trata de todos esos miedos que rodean el ambiente empresarial y que permean no solo a los puestos de liderazgo sino también a todas las personas que hacen parte de una organización.

Es muy importante entender que en las empresas, al estar integradas por personas, y por más que se indique constantemente “separar la vida laboral de la vida personal”, siempre se va a tener esa carga emocional que va constantemente con las personas independientemente de que estén en el trabajo, en sus casas o en la calle, pues hace parte de ellas. De ahí la idea de que el ser humano es una integralidad que la componen diferentes dimensiones y aspectos de su vida.

Para hablar de esto, debemos partir de un principio base: las personas, todas y sin excepción, llevamos con nosotros la carga emocional de nuestra niñez, de lo vivido en nuestro hogar e inculcado por nuestros padres a través de la crianza. Es en ese espacio llamado hogar (que más que un lugar físico es emocional) en donde se desarrollan gran parte de nuestras creencias, convicciones y miedos, los cuales a su vez dan origen a nuestros comportamientos y explican por qué reaccionamos como reaccionamos a las cosas en esa interacción con nuestra pareja, nuestros colegas, compañeros y jefes. Todos estos comportamientos obedecen a unas vivencias específicas y a la forma en la que nos relacionamos con nuestros padres o cuidadores.

Suele suceder que en el trabajo o la oficina tenemos a ese compañero que es medio tosco, serio o que le es difícil abrirse a los demás, ese mismo al que muchas veces hemos criticado y/o tildado de “amargado” o “malgeniado”. Sin embargo, esta perspectiva cambia cuando comprendemos que cuando una persona actúa de esa manera, está respondiendo así por lo que vio en su casa o porque creó una especie de “coraza” para evitar ser herido por los otros. Así como este miedo, existe una infinidad de miedos y temores que se dan al interior de las organizaciones y que es necesario abordar, pues cuando se dice “sanar el alma de las organizaciones” no nos referimos a otra cosa diferente que a sanar el alma de las personas que componen esas organizaciones.

Esos miedos en las organizaciones están ahí latentes y si vamos un poco más al fondo podemos llegar a heridas muy profundas del alma. En este punto quisiera sugerirte que tú, que estás leyendo este artículo, hicieras un ejercicio autorreflexivo de identificar en cuáles de estos miedos te ves reflejado. El primer miedo es el de no ser capaz de dirigir una empresa en medio de una crisis, creo que por este pasamos mucho en este tiempo de la pandemia del COVID-19. Ese miedo a no estar a la altura, a que mi jefe piense que no fui capaz. Luego viene ese miedo al “qué dirán”, a pensar en la percepción que tienen mis compañeros, mis pares o mi jefe de mí; el miedo a no saber interpretar la evolución del mercado y no reaccionar lo suficientemente rápido a esos cambios y que eso nos lleve a una quiebra o a que la empresa se vea golpeada.

Otro miedo muy común al interior de las empresas es a perder el control, esto tienemucho que ver con la máscara que desarrollamos desde pequeños y con qué tan controladores somos. Muchos líderes tenemos ese nivel de control alto y es ahí cuando nos cuesta delegar, creer en las potencialidades y fortalezas del otro y permitirle que desarrolle y fortalezca sus talentos. Acá es muy importante preguntarnos qué sucedía cuando perdíamos el control siendo unos niños, si tal vez nos regañaban, nos pegaban, nos castigaban o nos ignoraban.

En conclusión, podemos ver que somos niños heridos a los que les enseñaron que equivocarse y fracasar estaba mal. No tenemos la autoestima suficiente para lidiar con lo que piensan los demás de nosotros y tenemos miedo a ese rechazo de los otros. Así como cada uno de los que está aquí quizá ya pudo identificar algunos de sus miedos, ahora los invito a pensar en sus equipos de trabajo; por eso como líderes debemos aprender a leer esos miedos y enseñarle a nuestra gente a confiar en sí mismos, en sus talentos y potencialidades, pero también enseñarles a que fracasar es aprender.

Solamente así podremos decir que estamos sanando el alma de nuestra organización. ¿Te animas a intentarlo?